“Al final, mi Inmaculado Corazón triunfará.” — Mensaje de la Virgen en Fátima, 13 de julio de 1917.

La falacia narrativa según Nassim Taleb es la tendencia humana a imponer un hilo causal simple sobre una realidad compleja y multicausal. Priorizan una narrativa emocional y lineal en lugar de un análisis histórico riguroso y basado en evidencia. Estas explicaciones son aceptadas con escaso cuestionamiento crítico, convirtiéndose en un dogma que oscurece la complejidad real de los procesos sociales e históricos.
Los discursos deben sustentarse en rigor intelectual y no solo en relatos emocionales de cohesión tribal.
Dios te salve María, llena eres de gracia.

Una de las señales más claras de inteligencia es ser capaz de escuchar una
opinión con la que no estás de acuerdo sin reaccionar emocionalmente.
Benedicto XVI comentó Marcos 7, 15.20-23.
El entonces Papa llamaba la atención sobre el hecho de que muchas ideologías modernas han caído en el error de identificar el origen del mal en una causa exterior. Como la injusticia viene de fuera, para que reine la justicia es suficiente con eliminar las causas exteriores que impiden ponerla en práctica (por ejemplo, en el marxismo sería la abolición de la propiedad privada; en el capitalismo liberal, la restricción de la intervención del Estado en economía; en la cuestión de género, la reformulación del lenguaje y la cultura).
El psicoanálisis rehúsa reducir la angustia psicológica a los desequilibrios químicos del cerebro o a síntomas que tienen que ser manejados. En cambio, trata el mundo interior de cada persona como algo digno de explorar profundamente.
En el capítulo V de «El yo y el ello» (1923), Freud habla sobre la reacción terapéutica negativa. Describe cómo en estas personas no prevalece la voluntad de curación, sino la necesidad de estar enfermas. A pesar de eliminar la resistencia de desafío frente al médico y la fijación a las formas de la ganancia de la enfermedad, persistirá esta reacción terapéutica negativa en la mayoría de las casos. Se trata de un factor por así decir "moral", de un sentimiento de culpa que haya su satisfacción en la enfermedad y no quiere renunciar al castigo del padecer.
En páginas posteriores, señala Freud lo asombroso del hecho de que el ser humano, mientras más limita su agresión hacia afuera, tanto más severo —y por ende más agresivo— se torna en su ideal del yo.
Según Santo Tomás, el mal no es una realidad positiva, sino una privación del bien debido.
Distingue dos especies: el mal moral (malum culpae), que consiste en la desordenación voluntaria de la voluntad y tiene su origen en el libre albedrío cuando el hombre elige un bien inferior contra la recta razón; y el mal físico (malum poenae), que es la privación de un bien natural y procede del mal moral, pues la pena sigue a la culpa como su consecuencia y medicina.
Así, el orden causal es claro: “la culpa nace del libre albedrío y la pena sigue a la culpa” (cf. S.Th. I q.48; I-II qq.71–75; q.87).
Dada la frecuencia con la que falla la estructura de la familia tradicional, pese a siglos de dividir el amor y la Ley entre los sexos según roles sexuales considerablemente codificados, ¿cuáles son las chances de que ambos roles sean desempeñados por uno solo de los padres o por los dos padres que tengan roles sexuales codificados de manera similar? ¿No es probable la incidencia de psicosis en estos casos?
(Bruce Fink, en «Introducción clínica al psicoanálisis lacaniano»)
En la carta encíclica «Centesimus annus», San Juan Pablo II señala que una auténtica democracia es posible solamente en un Estado de derecho y sobre la base de una recta concepción de la persona humana.
Plantea el agnosticismo y el relativismo escéptico como la filosofía y actitud fundamental de las políticas democráticas actuales, con la consecuencia de que la verdad es determinada por la mayoría.
Advierte que, si no existe una verdad última, la cual guía y orienta la acción política, entonces las ideas y las condiciones humanas pueden ser instrumentalizadas fácilmente para fines de poder, y que una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia.
Desde aquí es fácil entender por qué la cultura y la praxis del totalitarismo comportan además la negación de la Iglesia. El Estado, o bien el partido, que se erige por encima de todos los valores, no puede tolerar que se sostenga un "criterio objetivo del bien y del mal" por encima de la voluntad de los gobernantes y que, en determinadas circunstancias, puede servir para juzgar su comportamiento. Esto explica por qué el totalitarismo trata de destruir la Iglesia o, al menos, someterla, convirtiéndola en instrumento del propio aparato ideológico.
«Sabemos que todas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios, de los que son llamados según su designio».
Romanos 8, 28.

"Hay que crear la figura delictiva de vivir de la política como delito de alta traición".
Antonio Escohotado

El ser humano no es omnisciente; muchas tradiciones, costumbres o estructuras heredadas son útiles para defender nuestras libertades aun cuando no lleguemos a entender cómo funcionan.
De hecho, las revoluciones que tratan de hacer una completa tabula rasa del pasado suelen ser revoluciones profundamente liberticidas y criminales que no dudan en arrasar con todo aquello que no encaje en su limitada visión del mundo.
El uso que hace Lacan del término «dialéctica» (la «dialéctica del deseo») no significa que el deseo siga la versión ampliamente difundida de la dialéctica hegeliana —tesis, antítesis, síntesis—; significa que el deseo se pone en movimiento, se libera de la fijación inherente a la demanda.
Lo que distingue al sujeto mentalmente sano no es la ausencia de conflictos, externos o intrapsíquicos, sino la capacidad de afrontar unos y otros, y de resolverlos de manera tal que sean las pulsiones libidinales de amor y crecimiento quienes regulen el comportamiento y adaptación, o, en su caso, la lucha contra las circunstancias que se oponen al desenvolvimiento y a la vida.
"Cartas del diablo a su sobrino" (C.S. Lewis)
VI. No hay nada como el suspense y la ansiedad para parapetar el alma de un humano contra Dios. Él quiere que los hombres se preocupen de lo que hacen, en lugar de estar pensando constantemente sobre qué les pasará.
Es importante aceptar con paciencia la tribulación que a cada uno le cae en suerte: el suspense y la ansiedad actuales. «Hágase tu voluntad» implica entender la cruz como el temor presente y no como las cosas de las que se tiene miedo.
Cuando se dirige la malicia a los vecinos inmediatos (a los que se ven todos los días) y se proyecta la benevolencia a la circunferencia remota (a la gente que no se conoce) implica que la malicia se hace totalmente real y la benevolencia en gran parte imaginaria.